29 April, 2008

MATAR LAS HORAS

Se levantó con un único objetivo: matar el tiempo. Nunca jamás antes había tenido esa necesidad, sin embargo hacía días que ese instinto criminal se había apoderado de todos sus movimientos.
En vano trataba de fingir, tras sus pasos caía un reguero de horas muertas.
Sin embargo el tiempo se resistía, y avanzaba con paso firme a un ritmo apenas imperceptible. De nada servía quedarse inmóvil en el pasillo, el tiempo se colaba por los lados, por entre sus piernas, por encima de ella. Tampoco servía adelantar el desayuno, el almuerzo o la merienda, igualmente llegaba la hora de comer, la de merendar, la de la cena...
Trató de refugiarse en un museo de historia, de sentarse en un pedestal con cara de momia egipcia, pero no tardó mucho en aparecer un guarda avisándola de que había llegado la hora de cerrar.
Pensó en las veces que había lamentado lo rápido que pasa el tiempo cuando en realidad, el tiempo nunca acababa de pasar.
Trato al menos de apresarlo, de mantenerlo como rehén, de someterlo a sus órdenes, de arrastrarlo con ella. El tiempo es escurridizo y le costó un poco, pero al final tras una encarnizada lucha contrarreloj, lo atrapó.
Se entretuvo pensando dónde era más seguro fijarlo, el viernes parecía una buena opción, pero aún quedaban un par de días y dudaba de poder mantenerlo distraído hasta entonces. Bajo la guardia solo un instante y el tiempo le arreó un mordisco a la tarde, que se convirtió en un agujero negro en su memoria. Raccionó rápido, y esta vez se lo ató a la espalda sin dejar de pensar que hacer con él.
En esas, le dió por mirar el reloj que llevaba en la muñeca. Con tanto contratiempo se le había hecho tarde.

25 April, 2008

Como todas las mañanas, no pido un café con leche y un donut, pero me lo ponen. Sin pedirlo cuando queda un taburete vacio me trasladan a él, aunque está en la otra punto de la barra. Sonrío al camarero. Esas cositas son las que hacen llevadera estas jornadas laborales. En el tren me siento. En el Ipod personalizado con el logo de mi empresa suena un blues. Voy al lado de un señor que lleva la mano extendida y sobre ella un caracol que se mueve con esa suavidad que todos hemos observado de pequeño. El señor está ensimismado con el caracol. El resto de pasajeros lo miramos con una mezcla de ternura, simpatía y desconcierto. El caracol estira las antenas hacia el señor. Parece observarlo. Sube por el brazo sorteando el vello, cuando está a la altura del codo, el señor lo toma delicadamente y lo vuelve a sitiuar en el dorso de su mano y así unas cuantas veces. El señor y el caracol son ajenos a la curiosidad que despiertan en los viajeros. Me dan ganas de preguntarle al señor como se llama el caracol, cuánto tiempo tiene…en fin, todas esas cosas que se preguntan a los dueños de mascotas. Un par de paradas después el señor coje el caracol, siempre con delicadeza y se lo pone en la palma de la mano que cierra ligeramente, lo justo para transportar al caracol sin problemas. Cuando abandona el vagón, los pasajeros que hemos ido todo el trayecto embelesados en el caracol soltamos una risita cargada de alivio y nostalgia. Alivio por la enorme curiosidad y desconcierto que producía la escena y nostalgia al recordar lo felices que nos hacía que mamá nos llamara porque había un encontrado un enorme caracol en una hoja de lechuga. Recuerdo ese mismo ensimismamiento, pero no consigo recordar donde acababan aquellos caracoles. Creo que es mejor. El tren sigue su recorrido. Me dirijo a una oficina cada vez más irreal. Me consuelo pensando en que de nuevo se ha abierto la posibilidad de un “despido remunerado” que de aire hasta que se concrete un trabajo nuevo. Me hace gracia pensar que yo que llevo años pensando en leer libros como el “No Logo” o “El libro negro de las marcas” y que me imagino establecida en una isla pequeña rodeada de azul, viviendo descalza entre cuentas de pulseras, parezco destinada a permanecer en este raro mundo de la moda y de las marcas. Llamarlo superficial sería poco. Las últimas ofertas me envían todas a Madrid. No me desagrada. Just do it. Pero no hay playa. Mientras tanto la oficina desierta y en penumbra. El Gran Lerdo oculto tras las grandes puertas correderas de su despacho. Yo tomandome un café y fumando un cigarrillo en mi mesa. De vez en cuando suena el teléfono y respondo con evasivas. Hemos llegado a un acuerdo y no vamos a venir a trabajar todos los dias. Eso me produce mucho desconcierto. Y desconfío. La idea es del Gran Lerdo, pero él ahora no es nadie. El Maligno lo ha abandonado todo de hoy para mañana, se ha largado sin más y sin él no es más que un pelele, rabioso y mal bicho, eso si. De vez en cuando atiendo alguna llamada. Alguien a quien se le debe pasta. Solo puedo dar evasivas respecto a la situación, tratando de que no las interpreten como a que estoy dando la cara por la empresa. Simplemente no se nada. Todo especulaciones, y todas llevan a un pozo negro. La gente insiste en que trate de sacar lo positivo.
Voy a bajar a tomar un café al bar de abajo, a ver si el camarero me dice guapísima, de vuelta, buscaré un caracol en los parterres, lo soltaré en el teclado y le cantaré un poco.
Cargol treu banya.
puja a la montanya
cargol treu vi
puja al montanyí.

23 April, 2008

Mono. Mono.Mono.Mo.

A punto de descorchar una botella de cava para despedir al capo malo en una oficina practicamente desierta. A veces desde mi despacho veo pasar una sombra por el pasillo. Cuando levanto la cabeza veo que solo es uno de los rizos que me caen sobre la frente que se ha movido por uno de mis suspiros. Envuelta en 2 millones de selecciones para trabajos, que se alargan y se alargan, pendiente de saber si da tiempo a que me despidan o simplemente un día no se abre, sin saber si vale la pena hacer un último esfuerzo y aguantar un poco más, si es mejor levantarme ahora mismo y decir adios…Y aquí estoy, blogueando desde el curro. Hasta me han visto hacer la foto de la rosa de consolación que es la que viene tocando últimamente. Y da igual, por que ahora ya vamos totalmente a la deriva. Abajo en la calle las portadas de los libros compiten con las docenas de rosas, la gente pasea contenta, se respira un ambiente especial. Aquí en el despacho, tratamos de no coincidir demasiado para no tener que hacer demasiado esfuerzo en fingir un poco de alegría. Hoy es Sant Jordi, el día del amor sin grandes ennvoltorios y el día de la lectura. Hoy sería un buen día para pasar página. O para enamorarse. O.