07 April, 2009

De mi plancha y yo. O planchazo. O planchada.

Nunca jamás había creído que le podría dedicar un post a una plancha. O que pudiera sorprenderme buscando fotos de planchas en el Google. Y mucho menos encontrar una imagen de una plancha que me sorprendiera.

Y aquí estoy. Desconcertada. Sorprendida. Y ¿por qué no?, puteada. Hace algo más de un mes, un viernes, cuando volví a casa vi que me habían entrado a robar. Dado los tiempos que corren, eso no tendría nada de especial si no fuera por que en casa estaba mi querida perra que pesa más de 40 kilos. El "botín" que se llevaron en el mercado negro o en e-bay no creo que llegue ni a los 1000€ y sin embargo para mi tenía un valor considerable ya que, entre otras cosas, incluía mis cajitas con fotos y recuerdos de mi madre. Aparte de eso, la verdad, da mal rollo entrar en tu casa y encontrar todo, absolutamente todo, revuelto. El caco hasta vació la bolsa del gimnasio (que,por cierto, llevaba meses preparada esperando el día que me apeteciera ir) para llevarse la bolsa.

A todo esto, como sigo con mi racha de buena suerte, a la semana siguiente me despidieron del trabajo y por tanto hace bastantes días que no he necesitado planchar ya que vivo en tejanos, camisetas y jerseys. Nada de camisas o ropita de trabajo. Últimamente solo cojo la tabla de planchar para ponerla en el sofá cuando salgo y la perra se queda en casa ("vigilando"), para que no se suba al sofá (si es cutre ya lo se, pero peor son los pelos en el sofá). Pero mira por donde hoy me ha dado un "rampell" y he decidido acabar con la pila de ropa que llevaba semanas esperando tras una puerta cerrada. Pues bien, la plancha no aparece. No está en esta casa y dudo mucho que la haya olvidado en algún sitio, por que si ya me cuesta acordarme del paraguas cuando llueve, dudo mucho que me haya metido la plancha en el bolso. Y es difícil hacerlo por despiste, por que hablamos de una plancha.

La única conclusión posible es que se la llevara el caco, y estoy flipando: me han robado una plancha.

plancha

Hace unos meses me robaron unos patines del coche, aquello me jodió bastante por que yo los utilizaba a menudo, me eran cómodos y me gustaban, creo que se puede decir que les tenía algo de cariño. Con la plancha no es lo mismo, y me pregunto por que. Planchar no me gusta nada, lo odio, pero sin embargo, una fetichista como yo podría valorar todos los ratos que he compartido con esa plancha. Junto con el exprimidor y la tostadora, ha compartido mi independencia desde el día uno, pocas otras cosas me han acompañado en mis mudanzas y han estado tan presentes en mi vida cotidiana durante estos...¿cuántos años? Y sin embargo ni pizca de cariño, tan solo un poco de rabia por que hoy, que iba a planchar, resulta que no la encuentro. Me siento algo culpable por no valorar que la plancha ha estado siempre ahí, sobretodo en momento especiales que requerían un atuendo especialmente planchado: citas, fiestas, entrevistas de trabajo. Tengo una marca en la cintura de un día que estaba planchando un vestido para una cena con alguien interesante, me acerqué demasiado a la tabla y chas, me quemé. La marca casi no se ve, pero yo se que está ahí y que es el recuerdo de una gran noche, y sin embargo nunca le he dado a la plancha el mérito que le corresponde y que si le doy, por ejemplo, al Somontano que nos bebimos. Y ahora que no está aquí, me ha dado por recordar este y otros momentos y...si...parece que la plancha debería tener cierto valor sentimental pero no consigo verlo. Que no. Que la plancha ni fú ni fá.

Y sigo sin entender cómo un caco se lleva encima una plancha de más de 10 años, con la puncha torcida (que le enganchará la ropa si no va con cuidado), con lo que pesa y lo poco que vale.

Y después de este post acerca de una plancha, me veo obligada a plantearme seriamente la continuidad del blog.Ough.