14 June, 2009

Estoy pensando en cambiarle el nombre a la perra. Por Obama. Y es que leo y oigo hablar a políticos, economistas, empresarios, socios activos y no activos de ongs, funcionarios, peluqueras, inmigrantes con y sin papeles, catedráticos de sociología, paseantes de perros que recogen o no las cacas, mujeres de la limpieza, funcionarios, consultores, camareros, abogados de los buenos y de los malos, a los de la toalla de al lado en la playa,ex-presidentes del gobierno (sin bigote ).. y en todos reconozco, y en parte comparto, tanta fe y tantas esperanzas puestas en el que parece ser el único hombre capaz de cambiar el mundo el solito, que me pregunto si no estaremos hablando de un nuevo mesías. O de un superhéroe. Y es que si no es así, vaya marrón le ha caído al pobre.

09 June, 2009

La primera vez. O de cómo dejarse llevar

Me tomó de las muñecas y tiró con firmeza. Cuando estuve lo suficientemente cerca me abrazó. Al principio logré mantener mi rigidez habitual en un vano intento de resistirme. Pudor. Vergüenza. Timidez. No se, pero al final, por primera vez, me dejé llevar. Nos miramos fijamente, mientras sus manos me tomaban por la cintura y acercaban mi cuerpo a él.

Y empezamos a movernos.

Al principio su ritmo y el mío eran distintos y eso nos hacía avanzar algo torpemente, pero él me guiaba con seguridad y destreza y pronto parecíamos un único cuerpo. Yo me dejaba llevar. Giramos con las piernas entrelazadas en un caprichoso zigzag. Sus manos no estaban quietas, dibujaban lentamente el perfil de mi espalda, descendiendo desde el hombro hasta llegar a mi cadera haciendo que se me erizara la piel mientras mi cuerpo respondía a las ligeras indicaciones de sus dedos. Sus brazos me atraían y me alejaban sin encontrar la más mínima oposición, como si mi cuerpo únicamente respondiera a su inercia. Apelando al erotismo y la sensualidad, desde el primer momento había insistido en que llevara tacón de aguja y de nada habían servido mis peregrinas excusas. Ninguno de los dos parpadeaba más de lo necesario. Ninguno de los dos apartó la mirada del otro. Yo, con el corazón acelerado, me dejaba llevar por sus movimientos expertos. Flotaba. Su precisión no restaba belleza a sus movimientos. Mostraba una espontaneidad de experto. Nos acercábamos al final.

Y el ritmo se aceleraba.

Casi volábamos. Habíamos perdido el contacto con el mundo. Rodeé su pierna con la mía. Me arqueé. Dejé caer mi cabeza. Cerré los ojos y en ese mismo momento acabó la canción. Se acercó el profesor. “¡divinos!, ¡Eso fue tango!

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06 June, 2009

... me vestí de rojo esperanza y finalmente llamó...

05 June, 2009

DESOLADORA INSOLACION

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Se resignó a la caries, e incluso a verse en el espejo, pero nunca confió en acostumbrase a su propia sombra. Siglos de nocturnidad para al final claudicar a la luz del día como un vulgar humano. El vampiro se protege con unas gafas de sol y una gorra de béisbol que le confieren un aspecto anacrónico. Y algo ridículo. Arrastra los pies. Desolado. Ni sus poderes ni su prestigio le han permitido salir de la terrible encrucijada. El viento sopla en su contra. Los aires modernos soplan en su contra. No hay otro remedio. El es el último vampiro y aunque su instinto le exige continuar, su orgullo no acepta la humillación de un trato de especie en extinción.

Trató en vano de adaptarse a los nuevos tiempos . A esos que le han expropiado el castillo, su hogar, para convertirlo en un parque de atracciones terriblemente iluminado y lleno de críos maleducados que lo toman como un viejo y ridículo actor a punto de jubilarse. Inútil tratar de seguir como hasta ahora. La sangre actual es demasiado peligrosa y menos nutritiva que nunca. Él, que resistió indemne a terribles epidemias de cólera, a la peste negra, a las hambrunas…no es mas que un cuerpo enclenque y famélico envuelto en una vieja capa que compra con receta médica bolsas de plasma insípido en esas farmacias asépticas. No más cuellos sabrosos.

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Se detiene unos instantes ante la casa de empeños. Observa a su alrededor pero no encuentra nada que le haga cambiar de opinión. Acaricia por última vez el incunable que ha sacado a escondidas, como un vulgar ladronzuelo, de su propia casa, huele sus páginas, observa la delicada tipografía, recuerda todas las noches que pasó las páginas esperando que llegara el momento de salir. Por primera vez en siglos y siglos, una lágrima resbala por una mejilla pálida y huesuda. Respira hondo. Un vampiro que llora merece morir.

Huele a Netol[1]. El dependiente levanta la vista. Cuando lo reconoce, rápidamente recoge los pequeños utensilios metálicos que estaba limpiando.

-Ha venido, -dice con gravedad- ¿está seguro de qué quiere hacerlo?

-Si, no hay vuelta atrás

El vampiro siente una punzada de dolor, algo desconocido para él, al dejar el libro en el mostrador. El dependientecruz, en atención a su digno y desolado cliente no lo toma para examinarlo como es costumbre, y desaparece en la trastienda. Segundos después vuelve a aparecer muy serio. No se atreve a mirarlo a los ojos. No es miedo. Es consideración. Emocionado, suspira y por fin le entrega al último vampiro un reluciente crucifico de plata[2].

-Suerte amigo

 


[1] El Netol es un producto que se utiliza para abrillantar metales

[2] No existe acuerdo entre los estudiosos acerca de la infalibilidad de la cruz de plata como arma mortal contra los vampiros, no obstante en algunas regiones europeas se las considera el arma más efectiva por delante de la estaca de madera.